No estamos solos...





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viernes, 3 de enero de 2014

Obsesión...



Llevaba tiempo esperando. Había dedicado su vida a la búsqueda de vida extraterrestre.

Desde que era un niño había planificado su vida para ser científico y así indagar en la posibilidad de otro tipo de inteligencia. Era el mejor estudioso en Ufología, un científico de renombre, reconocido en todo el planeta; pero a él no le importaba. Continuó haciendo su vida de siempre, conectando los instrumentos que algún día le harían oír otra voz, otro lenguaje a años luz de la Tierra.

Había tenido tiempo de casarse, formar un hogar y tener hijos, pero nunca se molestó en conocerlos, simplemente estaban ahí, como cosas sin importancia; no sabía de sus vidas, y cuando los miraba los veía como a extraños, de la misma forma que ellos lo veían a él. Cubría sus necesidades elementales de forma mecánica, comer, dormir, ducharse; había perdido hasta la delicadeza, ya ni recordaba la pasión que sintió una vez al besar a su esposa cada mañana. En lo único que había emitido opinión de forma enérgica fue en el lugar donde debían vivir, en una chacra en medio del campo donde no existieran luces artificiales que le dificultara su relación con las estrellas. Con el correr de los años, los hijos abandonaron el hogar, se llevaron a su madre y lo dejaron como él tanto quería: solo.

Y esa noche, al fin ocurriría lo tan anhelado. Primero fue sólo un zumbido, que luego se transformó en interferencia y en medio de esta, a intervalos, un lenguaje desconocido. Difícilmente podía llegar a oírse una frase entera. Salió corriendo a encontrarse con la inmensidad negra sobre su cabeza, todo era silencio, las estrellas titilaban desde lejos. Volvió al interior de la casa y otra vez el mismo zumbido, la misma interferencia y la voz que poco a poco dejaba oír el mensaje. El científico sonrió de oreja a oreja, sus ojos brillaron, otro sonido comenzó a oírse. Salió, esta vez con tranquilidad.

Afuera, un enorme disco plateado levitaba sobre la casa, produciendo un sonido ensordecedor, alumbrando todo con sus luces brillantes y provocando que el viento se desatara. Se cubrió los ojos con el antebrazo para ver mejor y se colocó bajo el haz de luz que provenía del vientre de la nave. Con lentitud, comenzó a quitarse la ropa y, cuando quedó desnudo, siguió con las orejas, la nariz, los ojos y la piel...


Al fin volvería a casa.

P.K.O ©



5 comentarios:

fesb2006 dijo...

Hola Patricia. Muy buen cuento. Felicitaciones y saludos...

ibso dijo...

Me gusta la ciencia ficción y me ha gustado este cuento. Con tu permiso me quedaré por aquí para seguir leyendo lo que quieras publicar.
Un saludo.

Athena Rodríguez dijo...

¡Qué genial te ha quedado, Paty!

La primera vez que este tío salió de la casa corriendo, ¡pude verlo! En serio.

Gracias por tan grato momento; siempre he creído que esta alma vieja pertenece a todas partes, y no solamente a este planeta... así que has encendido una luz en mi interior.

Sigue escribiendo :) Que estés bien. Saludos ^_^

El Demiurgo de Hurlingham dijo...

El científico cumplió su misión y vuelve a su casa, donde escuchará otro lenguaje a años luz de la Tierra. Su propio lenguaje.

Baltazar Cherrutti dijo...

Leyendo tus cuentos, Patricia, me acordé que, hace muchos años, conseguía unos fascículos titulados "Fantaciencia " (1982) por una editorial de Barcelona, EGC, YA NO CREO QUE EXISTA... Bueno, voy al grano: descubrí la literatura fantástica gracias a esa enciclopedia y yus relatos me resultaron similares a los publicados allí: desde los más famosos escritores hasta los poco conocidos. Mención aparte para los impresionantes pósters de los ilustradores. Nada más, saludos y adelante.